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Maltratos Familiares

 
 
 
Maltratos familiares
I Parte
 
Lunes | 31.12.2007
 
Por: Salvador Enguix
The New York Times Syndicate
 
 

MCT/Direct

“Un hijo maltratador puede causar un infierno en una familia; y casi siempre es la madre la principal víctima”. Así lo explica Teresa Gisbert, fiscal de Menores del Tribunal Superior de Justicia de Valencia (TSJV), ante un hecho que ella misma reconoce y que confirman los datos de la Fiscalía General del Estado: “Hay un alto incremento de denuncias por este tipo de violencia familiar protagonizada por adolescentes”.

Aunque no hay datos exactos sobre el maltrato, se calcula que en 2006 hubo al menos 6 mil denuncias de padres contra hijos. Pero estos solo son casos graves, en los que generalmente se ha llegado a la violencia física.

Los expertos -psicólogos y educadores consultados-creen que estos representan solo el 10% de los casos de maltrato. Hay, en este sentido, más de 60 mil adolescentes que torturan de diferentes maneras a sus progenitores.

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Y alertan de la extensión “alarmante” de este fenómeno, al tiempo que denuncian la falta de recursos y medios para abordar el problema en los asuntos más graves. “Porque en el 90% de los casos la terapia de mediación familiar tiene éxito”, señala José Miguel Bello, director del Centro San Vicente Ferrer de menores de Valencia.

El último caso conocido es el de la madre de dos adolescentes de 14 y 17 años, que tuvo que solicitar la ayuda de agentes de la Policía urbana de Gijón porque sus hijos se negaban a acudir al colegio y, al insistir ella en que cumplieran con esa obligación, la agredieron, según informa el corresponsal Vicente González.

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La fiscal Teresa Gisbert advierte que “no se trata de que sea un fenómeno nuevo, sino que ahora la gente acude a la fiscalía como un recurso que antes no existía”. Estas denuncias han descubierto un amplio abanico de modalidades de malos tratos, que en algunos casos llegan a poner en riesgo la vida de los padres o hermanos.

Pero hay otros malos tratos como el insulto, el acoso, el robo de dinero, el abandono del hogar, la rotura de objetos, la conversión de la vivienda en un hotel donde se traen amigos a montar escándalo, la tortura psicológica (modalidad que se da más entre las jóvenes maltratadoras), modalidades que pueden desequilibrar a toda la familia.

Ocurre, además, que cuando los padres denuncian a su hijo, en un acto de profunda desesperación muestran un enorme sentimiento de fracaso y de culpa. “Muchos vienen a la fiscalía para evitar que los otros hermanos sufran con el maltratador”, apunta Gisbert.

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Al respecto, hay dos teorías sobre los condicionantes que provocan que un joven llegue a ser un agresor dentro de casa. Javier Urra, psicólogo forense, ex defensor del menor y autor del libro El pequeño dictador, apunta a la dificultad de muchos padres para imponer su autoridad; para saber decir “no” cuando es necesario para modificar el natural egoísmo de los menores; para hacer comprender que hay una serie de obligaciones dentro de la casa y para educar en los valores.

Vicente Garrido, doctor en psicología y autor de Los hijos tiranos, el síndrome del emperador, señala, bien al contrario, que “estos niños no son el producto de la permisividad de los padres; se trata de una cuestión del temperamento con el que nacen, una cualidad de su forma de ser innata”.

Añade este profesional que lanzará próximamente su nueva obra Antes que sea tarde, cómo prevenir la tiranía de los niños, que estos jóvenes se distinguen por su poca capacidad afectiva, un bajo sentido de la contención y “un deseo persistente por obtener propósitos, es decir, una hiperfocalización en sus propias metas egocéntricas”. Y concluye que “un niño malcriado puede ser un golfo, pero no ejercerá la amenaza, la extorsión y violencia crónicas que es la característica del síndrome del emperador”.

Gisbert, al respecto, no tiene dudas: “Para mí el problema está en la detección precoz, que puede realizarse con la colaboración de padres y educadores”.

Junto a los factores psicológicos, los expertos apuntan a los cambios de conducta en la sociedad.

“Antes el mensaje social era de contención y de guardar respeto por las creencias y por los padres y maestros; hemos cometido el error de creer que la conciencia y el sentimiento de culpa eran algo obsoleto, pero es en verdad
la culpa la que nos hace humanos”.
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